Animate a regalarte una historia llena de esperanza, o simplemente pasar un buen momento de lectura.
martes, 12 de marzo de 2024
El descubrimiento de la penicilina: un gran paso para la medicina y una gran historia de gratitud.
Su nombre era Fleming, un agricultor pobre de Inglaterra. Un día, mientras trataba de ganarse la vida para su familia, escuchó a alguien pidiendo ayuda desde un pantano cercano. Inmediatamente soltó sus herramientas y corrió hacia el pantano.
Allí, enterrado hasta la cintura en el lodo negro, estaba un niño aterrorizado, gritando y luchando tratando de liberarse del lodo. El agricultor Fleming salvó al niño de lo que pudo ser una muerte lenta y terrible.
Al día siguiente, un carruaje muy pomposo llegó hasta los predios del agricultor inglés.
Un noble inglés, elegantemente vestido, se bajó del vehículo y se presentó a sí mismo como el padre del niño que Fleming había salvado.
"Yo quiero recompensarlo," dijo el noble inglés. "Usted salvó la vida de mi hijo."
“No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice" respondió el agricultor inglés, rechazando la oferta.
En ese momento el propio hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de la familia.
"Es ese su hijo?", preguntó el noble inglés.
"Sí", respondió el agricultor, lleno de orgullo.
"Le voy a proponer un trato. Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si él es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso.”
El agricultor aceptó. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó de la Escuela de Medicina de St. Mary's Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.
Algunos años después, el hijo del noble inglés cayó enfermo de pulmonía. ¿Qué lo salvó? La Penicilina. El nombre del noble inglés? Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.
Alguien dijo una vez: Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos. Siempre damos lo mismo que recibimos.
Trabaja como si no necesitaras el dinero. Ama como si nunca te hubieran herido. Baila como si nadie te estuviera mirando.
Descubrimiento casual
El gran avance moderno de la quimioterapia procede del descubrimiento fortuito del hecho de que los microorganismos sintetizan y excretan (expulsan al exterior de la célula) compuestos que son selectivamente tóxicos para otros microorganismos.
El bacteriólogo Alexander Fleming, desde la década de los años veinte, se interesó mucho por el tratamiento de las infecciones producidas por las heridas.
Sir Alexander Fleming
En 1929 Fleming, después de haber vuelto de unas vacaciones, se percató de que en una pila de placas olvidadas antes de su marcha, donde había estado cultivando una bacteria, Staphylococcus aureus, había crecido también un hongo en el lugar donde se había inhibido el crecimiento de la bacteria. Resultó que el hongo "fabricaba" una sustancia que producía la muerte de la bacteria; como el hongo pertenecía a la especie Penicillium, Fleming estableció que la sustancia que producía sería denominada "penicilina".
Aunque con frecuencia se ha comentado que varios microbiólogos hicieron el mismo tipo de observaciones que el inglés, sin llegar a su nivel de fama, esta especulación no se ha podido comprobar ni, por tanto, afirmar nunca.
Tal y como se ha podido demostrar en experimentos posteriores, en el "descubrimiento" de Fleming, coincidieron una serie de acontecimientos para que se produjeran los resultados que todos conocemos: la placa no se puso a incubar en estufa de 37º C (el crecimiento de la bacteria habría sobrepasado al del hongo) y además la temperatura del laboratorio no era superior a 12º C (según se cree, hubo una tormenta de frío en Londres en aquel verano de 1929).
La molécula de penicilina resultó muy inestable y después de mucho tiempo intentando purificarla (más tarde se demostró que era muy efectiva con preparativos impuros), Fleming desistió seguir trabajando.
En el año 1938, un grupo de científicos comandados por H.W. Florey y E. Chain reemprendieron el estudio. El primer ensayo clínico, que se hizo el 12 de enero de 1941, sacó a la luz esta gran promesa y en 1943 en plena guerra comenzó la producción comercial en Estados Unidos.Una vez acabada la II Guerra Mundial, las compañías farmacéuticas entraron en la producción de penicilina de forma competitiva y comenzaron a buscar otros antibióticos. Fleming les había mostrado la dirección correcta.
La efectiva penicilina que conocemos hoy día, es una de las más importantes drogas medicinales del siglo XX y probablemente de la historia de la humanidad.
La Penicilina actúa tanto matando las bacterias como inhibiendo su crecimiento. Mata sólo los organismos que están creciendo y reproduciéndose.
Es eficaz contra una gama amplia de enfermedades causadas por microorganismos como los pneumococos, los estreptococos, el gonococos, el meningococo, el clostridium de tétano, y la espiroqueta de la sífilis.
Sus efectos secundarios se limitan generalmente a reacciones alérgicas que pueden preverse con seguras pruebas antes de su aplicación.
En 1944 Alexander Fleming recibió en Inglaterra el título de Sir por sus aportes a la ciencia y la medicina. Al año siguiente, en 1945, se entregó el Premio Nóbel de Fisiología o Medicina a Alexander Fleming, Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain por sus contribuciones al desarrollo de la Penicilina. Millones de personas han salvado sus vidas, al tratarse con penicilina enfermedades para las que antes no existían tratamientos seguros ni curación.
Cuidado con el abuso
A pesar de esta gran ayuda, el descubrimiento de los antibióticos no se ha difundido de manera igual en el planeta. Además, en las sociedades más desarrolladas se está empezando a considerar una problemática el hecho de que existe una prescripción (y muchas veces un uso sin prescripción) exacerbada de los antibióticos. Esta realidad provoca que ya se esté hablando del paso de la "era de los antibióticos" a la "era post.antibiótica".
Con ello, nos referimos a que a menudo un antibiótico que antes era válido para combatir una bacteria deja de serlo debido a que, por causa del uso continuado que hacemos, la bacteria se ha acostumbrado al medicamento. Este medicamento, por tanto, ya no sabe cómo combatirla; llegamos a lo que técnicamente se denomina "resistencia". En España, por ejemplo, se ha llegado a una resistencia a los antibióticos del 30% de la población, en contra del 8% de Alemania.
Otro problema añadido es el hecho de que muchos de los animales que se usan para consumo humano son sometidos a administración de antibióticos a modo de profilaxis, pudiéndose generar ya en origen una resistencia que puede ir aumentando.
Con todo ello sólo intentamos hacernos eco de la voz de muchos profesionales de la microbiología que ya hace años están avisando del grave problema al que podemos llegar por el hecho de que para una simple infección ya no sea eficiente el antibiótico, y ya no hablemos de una situación de enfermedad bacteriana grave.
FUENTE:
www.profesorenlinea.cl
Biblioteca médica nacional
http://www.sld.cu/sitios/bmn/temas.php?idv=18317
jueves, 8 de febrero de 2024
El Dr Salvador Mazza : un luchador y héroe nacional
viernes, 19 de enero de 2024
La casa de la Virgen María en Efeso
Se encuentra la casa a 8 km. de Selcuk, en el monte Aladaj, «La casa de la Virgen» estaba hecha de piedras cuadradas, redondas u octogonales y de ladrillos. Anne Catherine Emmerich, estigmatizada y visionaria, anunció que la Virgen habría muerto en Efeso, que su morada se encuentra en una colina, al final de un camino de mulas, frente al mar Egeo y a la isla de Samos. Es gracias a estas revelaciones como se encontraron los cimientos de la casa donde la Virgen vivió sus últimos años y que fue, tras su muerte transformada en capilla.
Descripción de los lugares según Anna Catherine Emmerick
domingo, 24 de diciembre de 2023
Tregua de Navidad de 1914 - ¡Milagro!
El capitán C.I. Sockwell de los Royal Welsh Fusiliers dice que:
Después de una verdadera Noche de Paz disparé tres veces al aire el 26 de Diciembre a las 8:30 AM me dirigí hacia las trincheras. Un oficial alemán que intercambió regalos conmigo la noche anterior también apareció en una trinchera. Nos inclinamos en reverencia, saludamos y descendimos de regreso a nuestras trincheras. Unos minutos más tarde se escuchó al oficial alemán disparar dos veces al aire. Estábamos en guerra nuevamente.
Graham Williams, de 21 años, fusilero de la Brigada de Londres relata:
Fue como si un telón estuviera a punto de levantarse ante un milagro. Se advirtió sobre una luz en el este, encima de las trincheras alemanas, demasiado baja para ser una estrella. Nos sorprendió que nadie disparara contra ella. Vi entonces otra luz. Y luego otra. De pronto hubo luces a lo largo de las trincheras enemigas, hasta donde se alcanzaba ver. “¡Dios mío! ¡Los alemanes tienen árboles de Navidad!. Entonces, de una trinchera alemana a no más de 50 metros, el coro de voces de barítono más hermoso que había oído jamás empezó a entonar “Noche de Paz, Noche de Amor”. Al terminar el villancico, todo nuestro regimiento vitoreó a los alemanes y cantó a coro “La Primera Navidad”. Para la víspera de Año Nuevo, mientras estaba bombeando agua de la trinchera, de pronto veo a un alemán a mi lado, estaba ebrio, y llevaba una botella en cada mano. Le ordené que volviera a su trinchera. El alemán se negó. "Entonces tendré que llevarlo prisionero" le advertí. Como respuesta el alemán me ofreció un trago: "No quiero caer prisionero, sólo quiero ser tu amigo" fue su respuesta. Con ayuda de otro soldado, llevamos al enemigo ebrio de regreso a las líneas alemanas.
Para Albert Morens, un sobreviviente de la guerra:
Fue maravilloso poder caminar sin que le dispararan a uno. Si la tregua se hubiera prolongado otra semana habría sido muy difícil reiniciar la guerra. En este caso se habrían salvado casi nueve millones de hombres que morirían antes del Armisticio.
Leslie Walkington, un fusilero de 17 años, siendo ya comandante señaló una Gran Verdad:
Todo ocurrió espontáneamente, en forma muy misteriosa. Un espíritu más fuerte que el de la guerra prevaleció aquella noche.
El capellán, sacerdote escocés, hizo la misa comunitaria con la ayuda de un estudiante de teología alemán, misa fúnebre del día 25 de diciembre de 1914 luego de ser enterrados los muertos de ambos bandos cuyas tumbas se habían cavado una al lado de otra. Poco después ese sacerdote fue reprendido por el obispo dado que su religión no era compatible con el enemigo al que había que matar. El capellán le responde que esa noche él vio el verdadero significado del Mensaje de Jesucristo que era para TODOS por igual. Ignoro si siguió de sacerdote, colgó la sotana o murió como saldado en el frente de batalla, lo que sí sé es que su FE se fortaleció y mucho: Él vio la Luz...
Las cartas de ambos bandos pasaron por una rigurosa censura y se quemaron para que no se supiera la humillante noticia de esa "extraña" tregua navideña no oficial. Los batallones fueron trasladados a otros frentes más duros. El grupo alemán salió embarcado en un tren sin escalas rumbo al frente ruso, previo dejar la estación, dentro del vagón apiñados cual rebaño de animales, comenzaron a entonar el villancico que tocó el gaitero escocés y cantó el tenor alemán. Villancico que, en esa milagrosa tregua ellos habían aprendido a tararear. A pesar de las oficiales medidas de censura y control igual la noticia se filtró y tan solo pudieron entenderla los que de ese milagro de Paz, Perdón y Amor, participaron. Había que estar allí para comprender lo sucedido, quizá pueda ayudarnos a discernir el conocer algunos testimonios.
Para el escritor Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) esa tregua fue:
Un espectáculo asombroso, un episodio humano en mitad de las atrocidades. Por eso es quizás la mejor historia de Navidad de los tiempos modernos.
El periodista alemán Michael Jürgs en su libro "La pequeña paz de la Gran Guerra" expone declaraciones de soldados alemanes que participaron en esa Tregua y nos dice:
Al principio es uno solo el que canta “Noche de paz, noche de amor”. La melodía del nacimiento de Cristo suena baja: perdida, se mece en el paisaje muerto de Flandes. Pero luego el canto comienza a encenderse como una ola sobre el campo, y “rifle contra rifle, desde la línea larga y oscura de las trincheras suena el todo duerme en derredor”. De este lado del campo, a cien metros de distancia, las posiciones de los británicos permanecen en silencio. Los soldados alemanes están de buen humor, canción a canción se alza un concierto de “miles de gargantas de hombres a derecha e izquierda”, hasta que se quedan sin aliento. Cuando se apaga el último tono, los de allá esperan un minuto y empiezan a aplaudir y a gritar “Good, old Fritz”, o “More, more”. Los alabados Fritzes contestan con “Merry Christmas” y “We not shoot, you not shoot”. “Nosotros no disparar, ustedes no disparar”. Y lo dicen en serio. Ponen velas sobre la punta de sus bayonetas, que sobresalen casi un metro por encima de las trincheras, y las encienden. Parecía la iluminación de un teatro, le escribirá un soldado inglés a sus padres. Con el escenario así iluminado, acaba de realizarse el ensayo general de la obra que se desarrollará en la frontera oeste durante los días siguientes. Acá y allá y en todas partes, desde el mar del norte hasta la frontera Suiza. El Intendente celestial produjo para Flandes las mejores condiciones metereológicas. Al caer la noche de este 24 de diciembre de 1914 –y la oscuridad ya llegaba a las cuatro y media de la tarde– el viento cambió de dirección. Un cielo estrellado “nos saludaba desde la casa del Todopoderoso” y la suave luz de la luna llena “prestaba al bello y amplio paisaje a lo Rembrandt de Flandes una impresión de agradable paz”. Gloria a Dios en las alturas, paz para los hombres en la tierra, anuncia el Evangelio para este día. Pero ante la evidente ausencia de una autoridad divina en la tierra, espontáneamente alemanes e ingleses (y, con mayor cautela, franceses y belgas) deciden no dispararse entre ellos. Nunca antes en la historia de una guerra surgió una paz así, de abajo. Esta gran historia de Navidad está formada por muchas pequeñas historias. Miles de cartas la describen detalladamente. Hay que contarlas todas. Sólo así ocurre el milagro.
El historiador inglés Malcom Brownen en su libro Christmas Truce (1984) puntualiza:
* Nunca antes en la historia de una guerra surgió una paz así, de abajo. Nunca más volvió a repetirse. En 1914 no hubo en la frontera uno o dos casos de paz, en realidad hubo un espontáneo movimiento pacifista a lo largo de cientos de kilómetros y miles participaron de él.
* Los alemanes de origen sajón, en lugar de tirar granadas de mano, tiraron tortas de chocolate. Los alemanes les tiraron regalos a los ingleses y recibieron a cambio galletas y corned beef, los otros querían principalmente queso, pan negro y bizcochos.
* Sin esperar respuesta, los soldados treparon al alba de sus trincheras. Al principio fueron cientos, pronto serían miles. Se encontraron en campos sembrados de muertos, llenos de pozos y cráteres, con enemigos a los que, dos días antes, les hubieran disparado de sólo verlos. La Tierra de nadie se convierte en la Tierra de todos.
* Aunque por orden de arriba la paz no duró mucho, el hecho de que haya tenido lugar es la mejor y más conmovedora historia de Navidad de nuestro tiempo.
Stanley Weintraub en su libro “Noche de Paz” escribe:
A pesar del constante fuego de ametralladora y bombardeos de artillería en el frente del Este, y aunque en algunos lugares las tropas de la primera línea se encontraban a apenas 50 metros de las líneas enemigas, los soldados de ambos lados recibieron cajas de regalo con comida y tabaco preparadas por sus gobiernos aquella Navidad. Los alemanes, que tenían una conexión directa por tierra con su país, pudieron enviar pequeños árboles de navidad y velas a sus tropas en el frente. Y aunque un cese al fuego por Navidad, propuesto por el Papa Benedicto XV, había sido rechazado por ambas partes como “imposible”, en la Nochebuena la ley de las “consecuencias imprevistas” comenzó a hacer su trabajo.
Letreros comenzaron a levantarse de las trincheras en diferentes formas. Usualmente estaban en inglés, o en un inglés fracturado por parte de los alemanes. Los alemanes supusieron que el otro bando no podría leer los caracteres góticos tradicionales, y que pocos ingleses comprendían el alemán hablado. “TU NO PELEAR, NOSOTROS NO PELEAR” (You no fight, we no fight) fue el mensaje más empleado por los alemanes. Algunas unidades británicas improvisaron letreros de “FELIZ NAVIDAD” y esperaron una respuesta. Más letreros aparecieron de lado y lado”.
Para Serafín Fanjul:
Escoceses, alemanes y franceses se identifican en la cruz; comparten liturgia, jaculatorias y creencias; todos se sienten conmovidos por las mismas melodías.
A pesar de la destrucción de correspondencia enviada desde el frente la cual fue quemada y la confiscación de las fotografías allí tomadas, para que no se conociera la militar deshonra de lo sucedido en plena guerra, antes de la oficial censura a la prensa, para la historia este simbólico testimonio logró quedar:
El soldado Frank Richards en su diario de la guerra redactó:
Levantamos un pizarrón con 'Feliz Navidad' escrito. El enemigo también levantó uno igual. Dos de nuestros hombres arrojaron su equipo al suelo y saltaron para afuera de su parapeto con las manos sobre sus cabezas al mismo tiempo que dos de los alemanas hacían lo mismo; los dos nuestros caminaron para encontrarse con ellos. Se dieron las manos y entonces todos nosotros salimos de las trincheras y así mismo también hicieron los alemanes. La tregua terminó así como comenzó, por mutuo acuerdo.
Para el capitán Blackadder:
Ambos bandos avanzaron más lejos una visita a la trinchera enemiga durante la tregua de Navidad de lo que lo hicieron en los dos años y medio de guerra siguientes.
El sargento Mayor Frank Naden señaló:
En el día de Navidad un alemán salió de las trincheras con las manos en alto. Nuestros compañeros inmediatamente salieron de sus trincheras y los alemanes de ellas y nos encontramos en el medio y por el resto del día fraternizamos, cambiamos comida, cigarrillos y souvenirs. Los alemanes nos dieron algunas de sus salchichas y nosotros le dimos algunas de nuestras cosas. Los escoceses comenzaron a tocar sus gaitas y compartimos una rara alegría que incluyó un partido de fútbol con los alemanes. Los alemanes nos dijeron estar cansados de la guerra y deseaban que terminara. Al día siguiente recibimos la orden de que toda comunicación e intercambio amistoso con el enemigo debía cesar, pero nosotros no disparamos en todo el día y los alemanes no nos dispararon a nosotros.
El soldado W. Pentelow de la 1era Brigada de Rifles consignó a su hermana:
Tuvimos calma en Navidad y no hubo disparos. Las trincheras se llenaron de villancicos y canciones en Nochebuena. A veces los alemanes nos acompañaban y también nos vivaban. Ellos tenían unos pocos instrumentos y nos dieron algunas melodías. Ellos gritaron: Vengan Ingleses, nos encontraremos en el medio… Bueno, en Navidad salimos de nuestras trincheras, los encontramos en el medio del campo y los saludamos e intercambiamos cigarros. Tengo siete cigarros y varios cigarrillos de ellos. También les di a algunos de ellos mi dirección de la casa.
De un soldado:
Hoy hemos hecho una tregua, hemos salido de las trincheras, y hemos hablado y confraternizado con el enemigo de la trinchera de enfrente, y he visto que eran igual que nosotros, hombres horrorizados que odian esta guerra y a los que nos obligan a matarnos.
Rickmer dijo:
Tomamos una champaña en la "tierra de nadie", fumamos y conversamos. Fue un momento de hermandad en el sentimiento compartido de que debíamos parar esta guerra de una vez por todas. Los generales se enteraron después e hicieron todo lo posible para que algo así no volviera a ocurrir jamás.
Un inglés afirmó:
Estaba lleno de gente. Intercambiaron regalos de sus respectivos países. Hablamos alemán e inglés y nos entendíamos sin palabras. Nos señalábamos mutuamente dónde estaban colocadas las minas. No teníamos con nosotros ni un cuchillo.
Carl Mühlegg, a los 80 años relata:
Los soldados treparon de sus trincheras y se encontraron en la "tierra de nadie", soldados que no se hicieron nada y que no eran enemigos personales, que tenían padres, mujeres e hijos en casa y que ahora, en el milagro de Navidad, en el nacimiento de Cristo, se hacían regalos mutuamente e intercambiaban apretones de manos.
Comenta el general brigadier Edward Graf Gleichen:
Salieron de sus trincheras y caminaron alrededor con paquetes de cigarrillos, deseándose feliz Navidad. ¿Qué debían hacer nuestros hombres? ¿Disparar? No se puede disparar contra hombres desarmados.
Un soldado francés dejó escrito:
Queridos padres, no pueden creer las cosas que pasan acá en la guerra. Ni yo las hubiera creído de no haberlas visto con mi propios ojos. Anteayer se dieron la mano frente a nuestras trincheras alemanes y franceses. Increíble.
Un fusilero en carta a su madre le dice:
Si los soldados enemigos se hubieran entendido en la misma lengua y no sólo mediante cantos corales quién sabe, quizá se hubieran puesto de acuerdo rápidamente por sobre las trincheras: guerra estúpida. Vayámonos a casa. Mientras podamos ir y no que nos lleven.
El Sargento C. Lightfoot de la Compañia C, Regimiento 1ero de North Staffordshire escribió:
El día de Navidad vimos algo fuera de toda imaginación. Los alemanes dejaron sus trincheras y nosotros hicimos lo mismo. Nos encontramos a mitad de camino y deberías habernos visto estrechando sus manos, cambiando direcciones, souvenirs, etc. Nos llenaron de cigarros y tabaco. No hubo ni un disparo en todo el día de Navidad. Uno de nuestros hombres tocó una melodía y los alemanes bailaron y nos regalaron una muy buena canción.
Un oficial francés:
Hay que haber vivido esa noche para entenderla. Hay horas en las que uno puede olvidarse de que estamos acá para matar.
Un teniente mayor alemán:
Desde las fosas francesas, a unos cuarenta metros de distancia, aparece de pronto un quepi. Eh, camarade allemand, pas tirer, brout, brout, des cigarretes. Un mosquetero alemán salió enseguida de su fosa y gritó: Bonjour, Monsieur. Le tiró su pan negro y el francés sus cigarrillos.
El capitán alemán Josef Sewald consigna:
Hay que imaginarse, ¡al fin y al cabo estamos en guerra! En el primer día de Navidad había un peluquero que cortaba el pelo por un par de cigarrillos, no importa de dónde viniera el soldado, de un lado o del otro. Y más. muchos enemigos se cortaban mutuamente el pelo. A lo largo de todo ese 25 de diciembre de 1914 se repitieron escenas igual de disparatadas y encuentros absurdos en la frontera occidental de Flandes.
El capitán mayor Johannes Niemman relató:
Después de los cantos toda la guerra pareció hundirse en una suerte de paz burguesa, por todos lados se daban la mano... ¿Es que de pronto había estallado la paz? Enseguida estuve parado en el medio del tumulto. ¿Qué se podía hacer?
Cuenta Emil Curt Gumbrecht, de la quinta compañía del regimiento 104:
No suena un disparo en todo el día, y uno se pregunta si no es de esperar que pronto llegue la paz. Fue un golpe, como si la guerra hubiera acabado de repente. Los pájaros volvían de todas partes. Nunca vemos ninguno. A la tarde conté como cincuenta gorriones y les di de comer.
Percy Jones de la Brigada Westminster rememora que:
Los soldados alemanes y británicos se despidieron vacilantes con muchos apretones de manos y mutuos buenos deseos.
Testimonios al terminar la tregua:
Queridos camaradas, les tengo que informar que a partir de este momento tenemos prohibido reunirnos con ustedes allí afuera. Pero nosotros seguiremos siendo siempre sus camaradas. Si nos obligan a disparar, lo haremos siempre por arriba.
Gentlemen, nuestro coronel ha ordenado reiniciar el fuego a medianoche. Es un honor para nosotros informárselos.
En un juicio sumario un capitán del ejército británico fue condenado a muerte por su estado mayor por el delito de alta traición al "confraternizar con el enemigo" durante "la tregua de Navidad de 1914". Debió intervenir el rey Jorge de Inglaterra para que se le perdonara la vida evitando su fusilamiento...
Pasado los años alguien señaló:
Un espíritu más fuerte que la guerra surgió aquella noche. Diciembre de 1914… frío, claro y brillante. Las fronteras de los países desaparecieron cuando todos se unieron y decidieron no luchar.
Y otro así reflexionó:
Curioso hecho donde lo que nos une tuvo más fuerza que lo que pensamos nos separa, para alegría de unos, y desesperación de otros; que lamentablemente, son los que manipulan el mundo.
FUENTE:
http://mm2002.vtrbandaancha.net/_Tregua.html
lunes, 9 de octubre de 2023
La historia de la silla de ruedas
El siguiente desarrollo fue una silla inventada en 1783 por John Dawson. Dawson trabajaba en Bath, Inglaterra, a donde muchos inválidos viajaban para beber y bañarse en las aguas del balneario. La silla "Bath" de Dawson, con su tercera rueda que el ocupante podía dirigir usando una manivela rígida agregada, fue un gran suceso. Hubo un número de versiones, algunas de ellas abiertas, otras con capuchas y frentes de vidrio, pero todas debían ser empujadas desde atrás o tiradas por un pequeño caballo o burro.
Durante el siglo diecinueve, las sillas de ruedas se volvieron menos voluminosas y más confortables. Como resultado, algunos usuarios fueron capaces de girar las grandes ruedas traseras con sus manos, aunque esto podía ser desagradable si la silla corría a través de un charco de barro. El problema se solucionó en 1881 cuando los fabricantes empezaron a agregar un segundo borde con una menor circunferencia a cada rueda. Estos bordes mantenían las manos limpias y se conocieron como bordes para empujar.
A comienzos del siglo veinte, las sillas de ruedas se habían desarrollado aún más y disponían de ruedas con rayos de alambre, respaldos ajustables, y apoyos móviles para brazos y pies. También había modelos livianos hechos de mimbre montados sobre marcos de metal.
En 1915, ingenieros británicos habían producido la primera silla de ruedas motorizada, aunque la mayoría de los usuarios continuaron en las versiones manuales, que se estaban volviendo mucho más baratas. A pesar de esto, las sillas aún eran rígidas y difíciles de guardar y transportar, particularmente en autos. Pero en 1932, un ingeniero de Los Ángeles llamado Harry Jennings diseñó y construyó una silla plegable para su amigo, Herbert Everest. Los dos hombres inmediatamente vieron el potencial de este invento y establecieron una compañía para producir en masa las nuevas sillas portátiles. Estos fueron los precursores de las sillas de ruedas de uso común hoy en día.
Las primeras sillas eran hechas de madera, eran muy pesadas de acuerdo a los estándares de hoy en día, y tenían respaldos altos. Proveían una movilidad muy limitada; la mayoría de los usuarios incluso no podían empujarse a sí mismos y tenían que depender de otras personas para empujarlos.
Mientras las primeras sillas a poder usaban la energía eléctrica sólo para mover las ruedas hacia adelante, los sistemas de hoy en día incluyen ajustes motorizados para los asientos, los descansos de los pies, los respaldos y los reposacabezas.
La compañía Everest and Jennings dominó la industria de las sillas de ruedas durante mediados del siglo 20. Tenían tanto poder en el mercado que enfrentaron cargos por establecer los precios demasiado altos, y el Departamento de Justicia de los EEUU levantó una demanda anti-monopolio contra ellos. Nuevas compañías surgieron con diseños innovadores, y expandieron el rango de opciones para los usuarios de sillas de ruedas.
FUENTE: http://www.chairdex.com/shistory.htm
miércoles, 19 de julio de 2023
Aaron Anchorena y Jorge Newbery, precursores de la aeronáutica argentina
"Salvó la línea de eucaliptos y a poco se convirtió en un punto amarillo en la inmensidad del firmamento" (La Nación, 26/12/1907)
jueves, 16 de marzo de 2023
Un poco de amor, un poco de dignidad
martes, 11 de octubre de 2022
Pacto Roerich y Bandera de la Paz
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Louis Braille: Leer con los dedos
miércoles, 23 de diciembre de 2020
Navidad de 1223: San Francisco y el primer pesebre viviente
miércoles, 1 de julio de 2020
La increíble aventura de Gato y Mancha Cardal
Cuenta la historia documentada en diarios y libros de la
época que dos caballos criollos realizaron una travesía cuyo recorrido fue tan
extenso que tardaron más de tres años en cubrirlo.
Gato y Mancha Cardal, nacidos en el haras “El Cardal” en
Ayacucho provincia de Buenos Aires, salieron de la Sociedad Rural Argentina el
23 de Abril de 1925 guiados por el profesor Aimé Tschiffely hacia Nueva York.
Este audaz caballero nacido en Suiza pero educado en Inglaterra se desempeñaba
como profesor de Educación Física e Inglés en el Colegio Saint George de
Quilmes.
Cuenta Don Gilberto Montagni quien se desempeñó como
cabañero durante sesenta años en el establecimiento de Emilio Solanet que
cierto día apareció en la estancia un inglés medio loco – por Tschiffely que
quería dos animales para ir a Estados Unidos. El Doctor Solanet cedió a su
insistencia y le entregó a Gato y Mancha, dos pingos un poco viejos. Pero
llegaron justamente porque los caballos eran baqueanos y sabían dónde pisar y
qué comer; jamás hubiera tenido éxito con caballos jóvenes.
Aimé Tschiffely junto a Emilio Solanet y los dos caballos criollos
Tres años después el día 21 de Septiembre de 1928 cruzaba la isla de Manhattan para llegar al City Hall donde los esperaba el alcalde de la ciudad James Walker.
Luego recorrieron la Quinta Avenida con el tráfico
suspendido en su honor y llegaron al Cuartel de la Policía cerca del Central
Park, donde los caballos fueron alojados. Poco después el jinete Aimé
Tschiffely fue recibido en la Casa blanca de Washington DC. por el presidente
Mr. Calvin Coolidge quien lo felicitó por los records batidos al unir
atravesando a caballo el continente americano desde la Patagonia hasta el
Potomac.
Con esta hazaña se marcó el record universal alcanzado por
los caballos de altura: 5900 mts., temperatura: 18 º C bajo cero , distancia:
21500 kms. Cubiertos en 504 etapas a razón de 42,6 kms por día.
Mapa que muestra el trayecto recorrido por los caballos Gato y Mancha
Los dos criollos fueron llevados repetidas veces de un clima
extremo a otro, de zonas tropicales a desérticas. En su camino fueron tomando
agua y pastos buenos como malos, asimilándolos admirablemente hasta demostrar
sus extraordinarias condiciones de sobriedad, resistencia y rusticidad. Los dos
pingos ya tenían 18 años cuando se aventuraron a este desafío y murieron a los
34.
De esta forma Emilio Solanet dueño y criador de los caballos
demostró la capacidad de la raza que él había perfeccionado.
Este récord aún no ha sido superado pero la historia tiene
un costado más que interesante. El jinete que recorrió 20 naciones de América
volvió a reunirse con sus dos compañeros de ruta a 70 años de su aventura.
Aquí vemos a Aimé Tschiffely cruzando un puente en el Perú con uno de los caballos
El sábado 21 de Febrero de 1998, luego de ser trasladados
desde Europa, sus restos descansan junta a la tumba de sus entrañables Gato y
Mancha para cumplir su última voluntad en la Estancia El Cardal. Casi 500
personas participaron del encuentro realizado por la Asociación de Criadores de
Caballos Criollos y la familia Solanet.
A poco de terminado el siglo y con él el milenio, en tiempos
de cibernética, esta historia parece increíble sin embargo ocurrió en nuestro
país.
Así culmina esta hazaña y nos demuestra que cuando se
generan vínculos afectivos ente el hombre y sus fieles amigos, los caballos,
los lazos se hacen indestructibles.
Graciela Sarcone nació el 5 de Marzo de 1961 en la Capital Federal. Es Profesora de Letras, escritora, narradora oral y comediante de stand up. Es nieta de Rodolfo Solanet, primo hermano de Emilio.




















