Animate a regalarte una historia llena de esperanza, o simplemente pasar un buen momento de lectura.
miércoles, 23 de diciembre de 2020
Navidad de 1223: San Francisco y el primer pesebre viviente
miércoles, 1 de julio de 2020
La increíble aventura de Gato y Mancha Cardal
Cuenta la historia documentada en diarios y libros de la
época que dos caballos criollos realizaron una travesía cuyo recorrido fue tan
extenso que tardaron más de tres años en cubrirlo.
Gato y Mancha Cardal, nacidos en el haras “El Cardal” en
Ayacucho provincia de Buenos Aires, salieron de la Sociedad Rural Argentina el
23 de Abril de 1925 guiados por el profesor Aimé Tschiffely hacia Nueva York.
Este audaz caballero nacido en Suiza pero educado en Inglaterra se desempeñaba
como profesor de Educación Física e Inglés en el Colegio Saint George de
Quilmes.
Cuenta Don Gilberto Montagni quien se desempeñó como
cabañero durante sesenta años en el establecimiento de Emilio Solanet que
cierto día apareció en la estancia un inglés medio loco – por Tschiffely que
quería dos animales para ir a Estados Unidos. El Doctor Solanet cedió a su
insistencia y le entregó a Gato y Mancha, dos pingos un poco viejos. Pero
llegaron justamente porque los caballos eran baqueanos y sabían dónde pisar y
qué comer; jamás hubiera tenido éxito con caballos jóvenes.
Aimé Tschiffely junto a Emilio Solanet y los dos caballos criollos
Tres años después el día 21 de Septiembre de 1928 cruzaba la isla de Manhattan para llegar al City Hall donde los esperaba el alcalde de la ciudad James Walker.
Luego recorrieron la Quinta Avenida con el tráfico
suspendido en su honor y llegaron al Cuartel de la Policía cerca del Central
Park, donde los caballos fueron alojados. Poco después el jinete Aimé
Tschiffely fue recibido en la Casa blanca de Washington DC. por el presidente
Mr. Calvin Coolidge quien lo felicitó por los records batidos al unir
atravesando a caballo el continente americano desde la Patagonia hasta el
Potomac.
Con esta hazaña se marcó el record universal alcanzado por
los caballos de altura: 5900 mts., temperatura: 18 º C bajo cero , distancia:
21500 kms. Cubiertos en 504 etapas a razón de 42,6 kms por día.
Mapa que muestra el trayecto recorrido por los caballos Gato y Mancha
Los dos criollos fueron llevados repetidas veces de un clima
extremo a otro, de zonas tropicales a desérticas. En su camino fueron tomando
agua y pastos buenos como malos, asimilándolos admirablemente hasta demostrar
sus extraordinarias condiciones de sobriedad, resistencia y rusticidad. Los dos
pingos ya tenían 18 años cuando se aventuraron a este desafío y murieron a los
34.
De esta forma Emilio Solanet dueño y criador de los caballos
demostró la capacidad de la raza que él había perfeccionado.
Este récord aún no ha sido superado pero la historia tiene
un costado más que interesante. El jinete que recorrió 20 naciones de América
volvió a reunirse con sus dos compañeros de ruta a 70 años de su aventura.
Aquí vemos a Aimé Tschiffely cruzando un puente en el Perú con uno de los caballos
El sábado 21 de Febrero de 1998, luego de ser trasladados
desde Europa, sus restos descansan junta a la tumba de sus entrañables Gato y
Mancha para cumplir su última voluntad en la Estancia El Cardal. Casi 500
personas participaron del encuentro realizado por la Asociación de Criadores de
Caballos Criollos y la familia Solanet.
A poco de terminado el siglo y con él el milenio, en tiempos
de cibernética, esta historia parece increíble sin embargo ocurrió en nuestro
país.
Así culmina esta hazaña y nos demuestra que cuando se
generan vínculos afectivos ente el hombre y sus fieles amigos, los caballos,
los lazos se hacen indestructibles.
Graciela Sarcone nació el 5 de Marzo de 1961 en la Capital Federal. Es Profesora de Letras, escritora, narradora oral y comediante de stand up. Es nieta de Rodolfo Solanet, primo hermano de Emilio.
miércoles, 20 de mayo de 2020
El centenario capitán Moore condecorado por Isabel II tras recaudar fondos para la Sanidad británica
El centenario veterano de la segunda Guerra Mundial Tom
Moore será condecorado como "caballero" por la reina Isabel II tras
recaudar 33 millones de libras (37 millones de euros) para el sector sanitario
británico dando cien vueltas a su jardín con su andador, informó este miércoles
el Gobierno.
El primer ministro, el conservador Boris Johnson, ha
afirmado que el capitán, que recibirá el tratamiento de "Sir" tras
ser honrado en una futura ceremonia, es "un verdadero tesoro
nacional" que iluminó a la nación "en medio de la niebla del
coronavirus".
En su cuenta de Twitter, el exmilitar declaró sentirse
"abrumado" por este nuevo hito y agradeció el inesperado honor al
Gobierno, la reina y los ciudadanos británicos, a los que dijo:
"continuaré a vuestro servicio".
Moore se convirtió en un héroe nacional cuando logró su
objetivo, planteado con fines benéficos, de rodear un centenar de veces su
vivienda en el condado inglés de Bedfordshire, con ayuda de su caminador, antes
de cumplir cien años el pasado 30 de abril.
Su meta de recaudar 1.000 libras (1.118 euros) se vio
superada con creces por la solidaridad de millones de personas en el Reino
Unido que se sintieron cautivadas por sus esfuerzos.
Desde entonces, Moore ha recibido el título honorífico de
coronel del Ministerio de Defensa y ha lanzado un sencillo musical junto con el
cantante Michael Ball con una versión del clásico "You'll never walk
alone", que llegó al número uno de las listas de ventas.
Su hazaña inspiró además a la veterana rusa de la segunda Guerra
Mundial Zinaída Kórnieva, de 97 años, que realiza un blog diario a fin de
recaudar dinero para las familias de los médicos muertos en Rusia en la batalla
contra el coronavirus.
Kórnieva dedicó un vídeo al capitán británico y le prometió
como regalo de cumpleaños coserle "desde Rusia con amor" unos
calcetines para el invierno, que ya le envió por correo urgente.
"Juntos derrotamos en 1945 al Fascismo y ahora juntos combatimos el virus. No le puedo prometer que vaya a dar cien vueltas alrededor de mi jardín, ya que hace mucho que no salgo de casa, pero prometo contar cada día historias sobre la guerra y mi vida. ¡Juntos ganaremos!", aseguró la heroína rusa.
Fuente: EFE
sábado, 2 de mayo de 2020
Jerzy Bielecki, el "héroe romántico" de Auschwitz
Jerzi (derecha) con su hermano Leszek en una fotografía tomada en el año 1944
Jerzy tenía 19 años cuando los alemanes le apresaron en Polonia, bajo la sospecha de que pertenecía a la resistencia, y le enviaron en el primer transporte de presos varones -todos polacos- al campo de concentración de Auschwitz en abril de 1940. Casi tres años más tarde, en enero de 1943, una joven judía polaca de 22 años, Cyla Cybulska, fue detenida junto a sus padres y tres hermanos -dos varones y otra chica- en el gueto de Lomza, en el norte del país. La familia al completo fue enviada a Auschwitz-Birkenau. Los nazis asesinaron de inmediato en las cámaras de gas a los padres y a la hermana, pero Cyla y sus dos hermanos fueron enviados a trabajos forzados.
Jerzy y Cyla se conocieron en estas circunstancias en septiembre de 1940 y la chispa del amor prendió enseguida entre los dos presos. Jerzy decidió escapar con su novia, pero el plan que urdió parecía un disparate. Gracias a su amistad con uno de los trabajadores polacos del almacén del campo, consiguió un uniforme de oficial de las SS y logró elaborar un salvoconducto falso. De esta manera -y gracias a su buen alemán- consiguió hacer creer a algunos guardianes que era un oficial de los servicios secretos que se llevaba a la joven judía fuera del campo para interrogarla.
En una entrevista concedida en 2010 a Associated Press, Jerzy contaba sus sentimientos en aquellos momentos. "Sentía el pánico que me corría por toda la espalda a la espera de recibir el primer tiro al cruzar la puerta de salida".
Se perdieron la pista
Después de diversos avatares, la familia de Jerzy insistió en que éste se reuniera con ellos en Cracovia. Cyla fue escondida en casa de unos agricultores amigos. Pero al término de la guerra los dos enamorados fueron incapaces de reencontrarse. Jerzy acabó casándose en Polonia, y Cyla, por su parte, contrajo matrimonio con un judío, con el que acabó recalando en Nueva York.
En 1982, Cyla contó la historia de su liberación a su sirvienta polaca, que quedó estupefacta. Había escuchado la misma historia contada por el propio Jerzy en la televisión de su país antes de abandonarlo para trabajar en Estados Unidos. Ambas mujeres se pusieron manos a la obra para dar con el paradero de Jerzy, y el reencuentro se produjo en el aeropuerto de Cracovia en el verano de 1982. El enamorado acudió a la cita con un ramo de 39 rosas rojas, una por cada año en que habían estado separados.
Cyla Cybulska murió en Nueva York en 2002. Jerzy murió el 23 de octubre de 2011, y dejó mujer, dos hijas, cuatro nietos y un bisnieto. El funeral católico se celebró en la localidad polaca de Nowy Targ.
FUENTE: diario español ABC del 23 de octubre de 2011
http://es.catholic.net/buenasnoticias/articulo.php?id=52175
jueves, 9 de abril de 2020
Ryan Hreljac : El niño que le quitó la sed a medio millón de africanos
Así Ryan conoció a Akana; un chico que había escapado de las garras de los ejércitos de niños y que luchaba por estudiar cada día. Ryan se sintió cautivado por su nuevo amigo y pidió a sus padres ir a verle. Con un gran esfuerzo económico por su parte, los padres pagaron un viaje a Uganda y Ryan en el 2000 llegó al pueblo donde se había perforado su pozo. Cientos de niños de los alrededores coreaban su nombre formando un pasillo.La Fundación Ryan’s Well es una organización canadiense de caridad registrada (registro de caridad # 88858 7110 RR0001) .En los últimos cuatro años, un promedio 87 centavos de cada dólar donado apoya directamente a nuestros programas de caridad. La Fundación ha ayudado a construir 602 proyectos de agua en 16 países, llevando agua potable y servicios sanitarios a 685.035 personas. En 2008 y 2009, Ryan, embajadores y el personal hicieron aproximadamente 100 presentaciones en todo el Canadá, Oriente Medio y Asia.
lunes, 31 de diciembre de 2018
Vivir sin generar basura es posible: una mexicana lleva tres años haciéndolo
sábado, 29 de diciembre de 2018
¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur!
¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur! – rogaba insistentemente aquella madre.
Pasteur había probado un remedio en animales pero jamás en personas. ¿Debía inocular aquel remedio al muchacho o no? Gran dilema. Pero antes de continuar, he de poneros en precedentes. Vamos al principio de nuestra historia de hoy, 3 años antes, en 1882.
Pues bien, por aquel año trajeron al laboratorio de Pasteur un perro rabioso bien atado y con gran riesgo para todos. Fue introducido en una gran jaula donde había varios perros sanos para que los mordiese. Por otro lado, Emile Roux y Charles Chamberland sacaron baba de la boca del furioso animal, la inyectaron a conejos y conejillos de Indias, y esperaron que hicieran su aparición los primeros síntomas de la rabia.
El experimento tuvo éxito unas veces, pero otras muchas no, de cuatro perros sanos mordidos, dos amanecieron, seis semanas después, recorriendo furiosos la jaula y aullando, y, en cambio, transcurrieron meses sin que los otros dos presentasen el menor síntoma de hidrofobia al igual que con los conejillos de Indias. Dos conejos empezaron a arrastrar las patas traseras y terminaron muriendo en medio de horribles convulsiones, mientras que otros cuatro siguieron tranquilamente royendo las hortalizas. En el proceso no había ritmo, ni medida, ni regularidad.
La rabia es una de las enfermedades que más espanto han producido a la humanidad. Pasa al ser humano a través de la saliva en las mordeduras. Afecta al sistema nervioso provocando espasmos musculares dolorosísimos y posterior parálisis que, al llegar a los músculos que permiten la respiración, conduce a la muerte. Cuando quedan afectados los músculos de la boca y cuello hacen imposible cualquier deglución y resulta extraordinariamente dolorosa. Por eso, los animales que la padecen aparecen con la boca llena de saliva espumosa y rehuyen la ingestión de agua. De ahí que se la conozca también como hidrofobia (odio al agua). La cura en aquellos tiempos consistía en un hierro candente en la herida que dejaba la huella en la carne de por vida. Y sólo quedaba esperar.
Desde la inoculación por la mordedura hasta la aparición de los síntomas, hay un período de tiempo en función de lo lejos que haya sido la mordedura de la cabeza, puesto que el virus va por los nervios hasta llegar al cerebro. Durante ese tiempo todavía se puede actuar. Una vez aparecidos los síntomas era mortal en todos los casos incluso hoy en muchos a pesar de los avances médicos.
La rabia es un virus y no se podía ver al microscopio óptico. ¿Cómo detectar dónde estaba? Pasteur pensó que, por los síntomas, tenía que atacar al sistema nervioso y era allí donde había que buscarlo. Si se inyectaba bajo la piel el virus podía extraviarse antes de llegar al cerebro y para comprobarlo había que inyectarlo directamente en el cerebro. Había que hacer un pequeño agujero en el cráneo de un perro e inocularlo sin causarle daños. Roux le dijo que no había problema, pero Pasteur se negó a hacer ese experimento:
- Pero ¿qué me está diciendo? ¡Taladrar el cráneo a un perro! Le haría un daño tremendo al pobre bicho, y además, le estropearía el cerebro, le dejaría usted paralítico. ¡No! ¡No puedo consentirlo!
Suerte que, para Pasteur y la humanidad, Roux fue desobediente. Aprovechando una ocasión en que nuestro héroe tuvo que salir del laboratorio para asistir a una reunión, anestesió un perro sano con cloroformo, le hizo un pequeño agujero en la cabeza, puso en una jeringuilla una pequeña cantidad de cerebro machacado de un perro recién muerto de rabia, y por el agujero practicado en el cráneo del perro anestesiado metió la aguja de la jeringuilla y lentamente inyectó la mortífera substancia rábica.
A la mañana siguiente Roux contó a Pasteur lo que había hecho. Aún no habían transcurrido dos semanas, cuando el pobre animal empezó a lanzar aullidos lastimeros, a desgarrar la cama y a morder los barrotes de la jaula muriendo a los pocos días. Ahora tenían una forma segura de inocular la rabia.
Un día, uno de los perros inoculados con la substancia procedente del cerebro virulento de un conejo, dejó de ladrar, de temblar y, milagrosamente, se puso bien por completo. Pocas semanas más tarde, inyectaron en el cerebro a este mismo animal, una nueva dosis. La pequeña herida de la cabeza sanó rápidamente; Pasteur vigilaba muy atentamente pero durante meses enteros el perro siguió viviendo, juguetón, en su jaula. Fue el primer animal que había sobrevivido a los efectos del virus fatal, Estaba inmunizado por completo.
En aquel momento abrió los ojos: cuando un animal había estado rabioso y curado, no volvía a recaer. Ahora tenían que encontrar el modo de atenuar el virus. Sus ayudantes dijeron que sí a todo lo que propuso el maestro, aunque estaban perfectamente seguros de que no existía manera de poder atenuar el virus. Pero el tesón de Pasteur pudo con ellos. Descubrieron que si ponían a secar durante catorce días, en un matraz especial a prueba de microbios, un pequeño fragmento de médula espinal de un conejo muerto de rabia; al inyectarlo en el cerebro de perros sanos, estos no morían. Luego, pusieron a secar otros fragmentos de la misma substancia virulenta, durante doce, diez, ocho, seis días, y ver si podían contagiar a los perros nada más que un poco de hidrofobia.
Tal como los perros así tratados saltaban y olfateaban en sus jaulas sin dar señales de anormalidad alguna, los otros que no habían recibido las catorce dosis preventivas de cerebro desecado de conejo, lanzaban los postreros aullidos y morían rabiosos. Pasados tres años, Pasteur escribía a su amigo Jules Vercel:
Ni uno solo de mis perros ha muerto a consecuencia de la vacuna. Todos los mordidos han quedado perfectamente protegidos. Tiene que suceder lo mismo con las personas, tiene, pero … me siento muy inclinado a empezar conmigo mismo, a inocularme la rabia y tener después las consecuencias, porque empiezo a tener mucha confianza en los resultados.
Y aquí es cuando llegó la madre del principio de nuestra historia.
- ¡Salve usted a mi hijo, Monsieur Pasteur!
Pasteur le dijo que volviera aquella misma tarde a las cinco. Fue a ver a dos médicos, grandes admiradores suyos, Vulpian y Grancher, que habían estado en el laboratorio y sido testigos de cómo podía preservar de la rabia a los perros gravemente mordidos. Por la tarde fueron al laboratorio para examinar al niño mordido, y al ver Vulpian las sangrientas desgarraduras, dijo:
- Empiece usted. Si no hace usted algo, es casi seguro que el niño muera.
Y en aquella tarde del 6 de julio de 1885, fue hecha a un ser humano la primera inyección de microbios atenuados de hidrofobia. Consistía en extractos de médula espinal de conejos conservada en un frasco abierto durante 15 días. Se le aplicaron otras 12 inoculaciones en los 10 días siguientes con extractos de virulencia progresivamente mayor. Día tras día, el pequeño Joseph Meister soportó las restantes inyecciones. El muchacho jamás presentó el menor síntoma de la espantosa enfermedad.
Una vez que salió indemne de la prueba, Pasteur perdió el miedo y dijo al mundo que estaba dispuesto a defender de la hidrofobia a todos sus habitantes. El 26 de octubre de 1885 leyó ante la Academia de Ciencias “Un método para prevenir la rabia después del mordisco”. El mundo no tardó en aprovecharse de su descubrimiento. Muchas personas pasaron por el laboratorio de la rué d’Ulm. Los encargados del laboratorio no paraban de preparar cultivos y más cultivos para las inyecciones y hubo que suspender todo trabajo de investigación en aquellas series de habitaciones pequeñas y abarrotadas, mientras Pasteur, Roux y Chamberland iban clasificando muchedumbres políglotas de mutilados que en una veintena de lenguas diferentes suplicaban:
- ¡Pasteur, sálvanos!
Un total de 2.500 víctimas de mordeduras recibieron la vacuna en los 15 meses siguientes.
Todo el mundo reconoció abiertamente sus méritos. Empezó a llegar dinero en sumas que alcanzaron millones de francos para contribuir a la construcción de un laboratorio donde Pasteur pudiera disponer de todo el material necesario y seguir la pista a otras enfermedades. Los trabajos empezaron inmediatamente. El arquitecto se negó a percibir los honorarios y los constructores sólo aceptaron el pago de los gastos. El laboratorio fue construido pero nuestro héroe tenía entonces 63 años y salvar esas vidas liberó la tensión que había acumulado durante cuarenta años de incesante investigación.
Y no era para menos. Os recuerdo que durante su vida aclaró a Biot el problema de la polarización del ácido racémico, introdujo la pasteurización para salvar a los viticultores franceses; postuló la existencia de los gérmenes vapuleando a la generación espontánea; salvó a Francia del problema de su industria de la seda; tuvo un ataque de parálisis casi a los 50 años que había estado a punto de acabar con él y aun así quiso alistarse como voluntario para la guerra de Francia contra Prusia pero, como no le dejaron, observó las peligrosas condiciones de los hospitales militares y utilizó su fama para conseguir que los médicos, enfrentándose públicamente a ellos, hirviesen sus instrumentos y pasaran las vendas por vapor para matar los gérmenes y prevenir las muertes por infección recordándonos las enseñanzas de Semmelweis; obtuvo vacunas eficaces contra el cólera de los pollos, el carbunco y la erisipela del cerdo; estableció unos métodos de trabajo para la investigación bacteriológica rigurosos, exigentes y exactos que han permitido seguir con los estudios en este campo sin superar sus fundamentos. La era de las vacunaciones y antibiótica son gracias a él, así que ya sabéis a quién dar las gracias por vuestra salud y bienestar. De hecho, más de 40 enfermedades contagiosas son curables hoy día como resultado directo de los métodos que dijo. Por si fuera poco, se la jugó una vez más para salvarnos a todos de la rabia. Y todo esto en una sola vida.
En 1888 finalizó la construcción del Instituto Pasteur para curar casos de rabia. Se inauguró el 14 de noviembre de aquel año. Pasteur no pudo pronunciar una sola palabra en la ceremonia de inauguración e hizo que la leyera su hijo mientras él se secaba las lágrimas. Hoy día es el centro más famoso del mundo en investigaciones biológicas y trabajan científicos de todas las nacionalidades. Allí se han desarrollado numerosas vacunas y se continúa en el estudio de virus y microbios intentando controlar miles de enfermedades. Uno de los últimos logros de estos laboratorios fue el hallazgo del VIH, causante del SIDA, por parte de Luc Montagnier.
El día en que cumplió 70 años fue declarado el hijo más insigne de Francia en una celebración con carácter de fiesta nacional que tuvo lugar en la Sorbonne. Asistieron todos sus estudiantes y discípulos. Pasteur entró al recinto del brazo del Presidente de la República mientras la guardia republicana tocaba una marcha triunfal. El ministro de Instrucción Pública, M.Charles Dupuy, tomó la palabra y después de enumerar los trabajos de Pasteur, agregó:
¿Quién puede valorar en este instante lo que la humanidad os debe y lo que os deberá con el tiempo?. Hasta Joseph Lister se trasladó expresamente desde Inglaterra al evento para decirle: Usted ha levantado el velo que cubrió a las enfermedades infecciosas durante siglos; usted ha descubierto y demostrado su naturaleza microbiana.
El gran hombre estaba muy débil para hablar a los delegados que habían llegado de todas partes del mundo. Volvió a ser su hijo quien leyera el discurso, en el que expresaba su creencia invencible de que la ciencia y la paz triunfarían sobre la ignorancia y la guerra, así como su fe de que el futuro no pertenecería a los conquistadores, sino a los salvadores de la humanidad. Lástima que en este punto estuviera equivocado pensando que las generaciones venideras serían mejores.
Louis Pasteur murió en 1895, en una modesta casa próxima a las perreras donde conservaba los perros rabiosos; en Villenueve l’Etang, a las afueras de París. Su fin fue el de un católico ferviente, el de un místico, tal como lo había sido toda su vida: un crucifijo en una mano y la otra estrechada por madame Pasteur, su colaborador más paciente, más desconocido y más importante. En torno del lecho se agrupaban Roux, Chamberland y otros investigadores a los que había inspirado; hombres que habían arriesgado la vida ejecutando fantásticas correrías contra la muerte, y que, de ser posible, hubieran dado sus propias vidas ahora para salvar la del maestro. Sus últimas palabras fueron: “Uno debe trabajar, uno debe trabajar. Hice lo que pude”. Impresionante.
Su funeral fue el propio de un jefe de estado en la Catedral de Notre Dame. En su lápida se leen hoy sus palabras: Feliz aquel que lleva consigo un ideal, un Dios interno, sea el ideal de la patria, el ideal de la ciencia o simplemente las virtudes del Evangelio.
Es dudoso que en toda la historia de la humanidad haya otro científico haya sido honrado de esa manera. Hasta la profesión médica que tanto se había molestado por ser un “simple químico” le ofreció homenaje. Y no podría hacer otra cosa: aplicando sus métodos antisépticos la mortalidad descendió en los hospitales en un 55% y los de maternidad también de forma espectacular. Está reconocido como uno de los científicos más grandes de la Historia. Y ya sé que las comparaciones son odiosas pero si queréis hacerlo, en lo que a ciencias biológicas se refiere, tendréis que tirar de gigantes de la talla de Aristóteles o Darwin.
Joseph Meister, el niño al que había salvado, creció y acabó trabajando de portero de dicho Instituto en cuyos sótanos estaba enterrado el gran hombre que le había salvado la vida de niño. En 1940, con 64 años y siendo todavía portero, los nazis tomaron París. Por curiosidad, un oficial nazi le ordenó que abriese la cripta de Pasteur. Antes que hacerlo prefirió suicidarse.
Fuentes:
http://geosalud.com/enfermedades_infecciosas/rabia.htm
http://exapamicron.wordpress.com/2006/07/30/quien-fue-joseph-meister/
http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Pasteur
http://www.xtec.es/~jllort1/biolegseuropa/pasteur_cas.htm
http://omysar.spaces.live.com/feed.rss
http://cienciaylejos.blogspot.com/2007/01/falta-suero-para-tratar-la-rabia.html
http://www.historiasdelaciencia.com/?p=293


















