miércoles, 7 de marzo de 2012

Un puente con las Malvinas

Un grupo de rosarinos fundó una asociación que busca estrechar lazos de amistad con los habitantes de las islas, más allá de las discusiones diplomáticas. “El lema que nos guía es el respeto mutuo”, dicen.
El arquitecto Gomez Kenny

En 2000, el arquitecto Ricardo Gómez Kenny, como colaborador del Colegio San Patricio, alentó a sus alumnos a que enviaran correos electrónicos a habitantes de las Islas Malvinas con el objetivo primario de perfeccionar el inglés. Al comienzo no tuvieron respuestas hasta que, seis años después, la insistencia epistolar obtuvo la primera repercusión cuando el sacerdote Michael Mc Partlant, les escribió por primera vez: “Entiendo que algunos de ustedes han tratado de contactar a estudiantes de las islas. Por favor, no dejen de intentarlo”. De esa manera tuvo su origen en Rosario el denominado Club de Amigos Malvinas/Falklands y que, desde mayo pasado, luego de obtener personería jurídica, es la Asociación Civil Amigos Malvinas/Falklands. Hoy cuenta con más de 180 adherentes y, entre otros, personalidades como Rodolfo Terragno y el ex vicecanciller Andrés Cisneros.
“En realidad, la inquietud por establecer lazos de amistad con los isleños tuvo su origen el 2 de mayo de 1982, cuando desde el colegio enviamos una carta a los ciudadanos de las islas demostrando que en esta ciudad muchos estábamos en contra de la guerra y mostrábamos el deseo de ayudar y, por eso, les pedíamos que nos escribieran”, recuerda Gómez Kenny, quien es descendiente de irlandeses y se resiste a llamar kelpers a los habitantes de las islas, porque “es como decirle gaucho a un argentino”.
—¿Cuál es el propósito de la Asociación a 30 años del conflicto bélico?
—Desde fines del siglo XIX las islas cuentan con un poco menos de tres mil habitantes, y hoy viven allí 29 argentinos que conocen nuestro trabajo. Estamos en contacto vía mail o telefónico, y tenemos la intención de viajar en febrero o marzo. Nosotros buscamos la integración humana. Reconocemos que los acontecimientos históricos o legales son importantes y forman parte de la cultura general, pero éstos no integran nuestro temario: el único lema que nos guía en este proyecto es amistad y respeto mutuo y, a diferencia de todo otro plan existente, no lo hacemos pensando en las islas sino en los isleños. El objetivo fundamental es acrecentar la comunicación y relaciones de buena voluntad entre los habitantes del Cono Sur de América y los de Malvinas, encontrar coincidencias, dejando de lado las diferencias.
—¿Cuándo comenzó con la idea de fomentar la amistad con los malvinenses?
—Cuando comenzaron los bombardeos, en el 82. Mandamos nuestras primeras cartas amistosas a los habitantes de las islas, pero nunca tuvimos repuestas o las cartas tal vez nunca llegaron. Y 15 años después vimos que en el país había colegios que intentaban hacer contacto con los isleños, incluso desde el Colegio San Patricio, para hacer intercambio con el objetivo de que los chicos practicaran el inglés de una manera más fluida. Así fue que un día llegamos a enviar 32 mails y no recibimos respuestas. Durante muchos años funcionamos como Club de Amigos, hasta que en 2008 obtuvimos un auspicio institucional de la Municipalidad y desde mayo del año pasado funcionamos como una asociación civil con personería jurídica, con la idea de restablecer  los lazos de amistad previos a la guerra. Antes del conflicto bélico la mitad de la población estaba de acuerdo con ser argentinos, luego de la guerra se volvió para atrás, así que lo que nosotros queremos es recomponer la amistad. A diferencia del gobierno, que aspira a una integración territorial, nosotros aspiramos a una integración humana, pensamos que es un primer paso. En las cartas, para que no surgieran roces, la consigna fue no hablar de la guerra ni de la soberanía: “Don’t mention the war”. El objetivo era que nos conociéramos, que cada uno supiera más cosas del otro.
—¿Qué relación tienen con los ex combatientes?
—La mejor, incluso hay veteranos de Rosario que se sumaron a la Asociación. Hicimos un cuadro con los nombres de todos los caídos en el conflicto bélico de 1982, y ahí figuran tanto argentinos, ingleses como isleños. Son en total 907 nombres y siempre digo que también está el muerto 908, que es justamente la integración humana. Por eso decimos que queremos resucitar un muerto. Pretendemos que ese cuadro esté colgado una semana en el Concejo Municipal y luego sea donado al Museo Histórico, pero no queremos que coincida ni con el día de la invasión ni de la rendición ni nada. La lista tiene los nombres completos de los caídos en Malvinas, el listado argentino lo obtuvimos enseguida, pero para el británico sólo teníamos los apellidos y las iniciales, hasta que finalmente conseguimos los nombres por un ex combatiente médico de Londres que nos envió una revista donde sí figuraban los nombres completos. Cuando se pierde la confianza es muy difícil recomponer las relaciones y a nosotros, desde nuestra asociación nos interesa recomponer el diálogo con los ciudadanos que viven en las islas. Hay que recordar que después de Malvinas volvió la democracia en nuestro país y también en las islas, porque las autoridades británicas admitieron después de la guerra que manejaban la isla de manera feudal, en cambio ahora ellos votan cada cuatro años.
—La semana pasada un barco con turistas no pudo anclar en las islas. Viajaban allí argentinos que querían homenajear a los caídos. No es sencillo reestablecer el diálogo si no hay voluntad de los malvinenses, incluso el gobierno argentino sugirió que podría tratarse de un nuevo “acto hostil”…
—Siempre criticamos cuando Gran Bretaña hace algo de manera unilateral y nos molesta, nosotros no debemos caer en lo mismo. En los mapas de ellos figuran como las Islas Falklands y en nuestros mapas como Islas Malvinas, y según la  ONU debería decir “zona en conflicto pendiente de solución entre Gran Bretaña y Argentina”; entonces, si nosotros lo nombramos así podemos decir que el otro está en falta. Hace unos años, cuando a la presidenta Cristina Kirchner se le ocurrió que en el tema Malvinas debía mediar Hillary Clinton, creíamos que debía saber que nuestra asociación existía; esa mañana le enviamos por mail a su oficina nuestros datos y por la tarde tuvimos respuesta. Aquí se nos hace difícil que Cancillería escuche nuestras ideas y propuestas. Igual, cada vez que hacemos algo, los ponemos al tanto. El reclamo territorial está bien, pero primero está la gente. El gobierno toma medidas contracorriente y cada vez aleja más la posibilidad de diálogo. Ellos están buscando su identidad, pero de la manera que actuamos se agarran cada vez más del cordón umbilical de Inglaterra, en vez de agarrarse de nosotros. Sólo con diálogo podemos convencer.
—¿Tienen pensado viajar allí o que un contingente venga a Rosario, que haya un intercambio cultural con la población?
—Tenemos que fomentar ese intercambio con los colegios, por ejemplo, para que alumnos de aquí vayan a pasar un tiempo allá y viceversa. Las nuevas generaciones, los menores de 30 años, tienen la mente más abierta. Sabemos de contingentes de jóvenes de Malvinas que viajan a Río Gallegos y van a los boliches de allí y conocen a sus pares del continente, y no hay problemas. Ellos mismos se dicen isleños, no se dicen británicos. Del pasado no podemos olvidar a los 907 muertos y los responsables de los dos lados que no supieron resolver el conflicto pacíficamente. Ahora tenemos como objetivo traer una delegación de la isla a Rosario o un grupo nuestro puede ir allá, para las dos cosas necesitamos ayuda y queremos difusión, queremos que se sume gente intelectual, conocedora de Malvinas que pueda aportar desde una visión pacífica mirando al futuro. Queremos fomentar todas las relaciones culturales, deportivas e institucionales, donde la premisa sea siempre amistad y respeto mutuo y buscar reemplazar las discrepancias por principios que tengan un único sentido común, con el fin de establecer relaciones de paz y coincidencias duraderas.
—¿Hubo intercambios interesantes con los malvinenses?
—En general desconocemos los aspectos culturales, sociales y hasta políticos de los habitantes de Malvinas, pero de esos intercambios conocimos historias atractivas. Con el tema del petróleo, por ejemplo, la situación vista desde allá la conocemos a través de dos religiosos, uno católico y otro anglicano. Las pocas respuestas que llegan dejaron atrás aquel tono alegre del pasado para mostrarnos un enfoque triste y preocupante. Sin embargo, hay casos como el de los hermanos Alexander y Terry Betts, una de las familias tradicionales de las islas. A Alexander lo acusaron de colaborar con los militares argentinos durante la guerra y se fue a vivir a Córdoba, donde incluso fue concejal radical de la localidad de Agua de Oro. Su hermano Terry se quedó en Malvinas y hace música country inglesa, y quiere venir a Rosario a tocar y conocer a músicos litoraleños. A él tuve la oportunidad de conocerlo en Buenos Aires y es una persona muy talentosa.

Por Santiago Baraldi


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